Archive for October, 2016

“¡Hoka Hey!” (en lengua lakhota: “¡Hoy es un buen día para morir!”), fue un grito de guerra que se escuchó en las cercanías del río Little Big Horn, en el territorio de Montana, Estados Unidos, a finales de junio de 1876, cuando se llevó a cabo la célebre batalla entre Tasunka Witko (“Crazy Horse“ o literalmente: “Su caballo es loco”, 1840 – 1877), el gran guerrero y jefe de la tribu Sioux Oglala y el infame comandante del 7° Regimiento de Caballería de USA, el Teniente Coronel George Armstrong Custer.

El primero, comandando a los bravos guerreros de su tribu natal, luchando por su tierra y su derecho a vivir en libertad; el segundo, un genocida y racista, con pretensiones políticas para la Casa Blanca, que no dudó en matar a centenares de hombres, mujeres y niños aborígenes americanos y violar todos los tratados existentes, para lograr sus fines.

Pero el propósito de esta nota, no es narrar dicha batalla, ni como “Caballo Loco“ hizo justicia a su pueblo y herencia cultural, al aniquilar a su enemigo, los “wasichus” o invasores blancos, sino más bien rescatar aquel grito, para dar nombre a una virtud pagana olvidada: La de saber morir bien.

Saber morir es tan importante como saber vivir:

Los humanos modernos, sin importar la cultura natal, la religión que practiquemos o el nivel de educación que tengamos, solemos olvidar el hecho más importante de la Vida: La Muerte. Tratamos de no pensar en ella y de dejar circunscriptos a los cementerios y lugares de respeto y remembranza de los difuntos, todo pensamiento o sentimiento al respecto.

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Para la tribu Mande de la Sierra Leona en Áfica, la Pantera es un animal sagrado, en el cual se apoyan sus creencias nativas, este es un pequeño video de la danza de la Pantera en pleno ritual del “Poro”.

Con una antigüedad de entre 5.000 y 2.000 a.C., estas casi 300 momias, dispersas desde la costa sur de Perú hasta el norte de Chile, superan en dos milenios a sus homólogas egipcias.
“Las momias proceden de una sociedad temprana de cazadores recolectores que sobrevivió al desierto más árido del mundo y que momificaba a sus muertos durante más de 3.500 años”, explica en declaraciones a Efe el director general de Extensión y Vinculación de la Universidad de Tarapacá, Sergio Medina.
Los expertos clasifican los ejemplares en tres grupos según su técnica de momificación y antigüedad: Momias Negras (5.000-3.000 A.C.), Momias Rojas (2.500-2000 A.C.) y las Momias con Vendajes (2.000 A.C.).

La composición de las mismas a lo largo de la evolución de las técnicas se caracteriza por estar formada de restos humanos junto a maderas, fibra vegetal, arcilla, tierra y plumas, entre otros materiales tratados con la delicadeza que los pecadores empleaban para momificar a sus seres queridos.
Distintas teorías han intentado explicar el origen de la cultura Chinchorro, entre las que destaca la hipótesis que argumenta que surgió a partir de desplazamientos costeros del norte al sur.

Otras dos teorías basadas en movimientos nómadas desde el Amazonas o la cordillera de los Andes completan las hipótesis existentes acerca del origen de este pueblo. (more…)

En 1738, el fraile Francisco de la Rosa y Figueroa, responsable de la parroquia de San Lucas Mazatepec en el actual estado de Morelos y avezado perseguidor y denunciante de idolatrías y herejías (en su juventud habia iniciado un proceso inquisitorial contra varios indios del sur de la Cuenca de México por practicas religiosas mesoamericanas relacionadas con el ritual de los voladores y su poste sagrado), recibió ese año en su curato, varias denuncias de vecinos españoles y mestizos, sobre las extrañas prácticas que realizaban muchos indios del pueblo de Coatlán del Río, dependiente de la jurisdicción de Mazatepec y de la Alcaldía de Cuernavaca.

Los denunciantes afirmaban que estos indios, tenían una escuela oculta en Coatlán, donde adultos y viejos enseñaban a jóvenes y niños, idolatrías y herejías, utilizando documentos y papeles escritos para el efecto, además de enseñar a bailar a las cinturas desde pequeñas para sus ritos y ceremonias particulares.

Además, este numeroso grupo de indios (continuaban los denunciantes), no solo idolatraban a sus antiguos dioses en Coatlán del Río, sino que además eran herejes, apostatas y blasfemos y que como prueba de esto, una vez a la semana llegaban a media noche al templo de la población (que estaba alejado y aislado de esta, por estar edificado en una loma cercana) y con sigilo, entraban por la sacristía o por las ventanas y procedían a tomar las imágenes de Cristo y procedían en forma organizada a pisarlas, azotarlas, escupirlas y abofetearlas, repitiendo paso a paso, todos y cada uno de los actos y tormentos de la Pasión, a manera de una representación de Semana Santa.

Finalizada esta, volvían todo a su anterior estado y el grupo de conculcadores se retiraba del templo a la madrugada, regresando la semana siguiente a repetir todos sus actos de escarnio. (more…)

HERMOSILLO, Son. (apro).- La construcción del gasoducto Agua Prieta que llevará combustible de Arizona a Sinaloa cobró su primera víctima, luego de una lucha campal entre personas que están a favor y en contra de esa obra que cruza territorio Yaqui.

De acuerdo con Teódulo González, comisionado para la defensa de la tierra, el agua y los derechos humanos de la tribu Yaqui, el enfrentamiento se originó este mediodía en la guardia tradicional de Loma de Bácum, cuando un grupo de “provocadores” azuzó a los miembros de la tribu que se encontraban apostados en el campo para impedir el avance de la conducción hidráulica.

“Fue una provocación por parte del gobierno del estado y la empresa IENova para acabar con la defensa del territorio”, destacó el activista.

Según reportes policiacos, luego de tres horas de enfrentamiento se reportaron tres heridos y una persona fallecida, conocida como “Cruz”.

En el lugar se mantienen más de 200 agentes de las fuerzas federales, estatales y elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Alrededor de las 15 horas arribaron al Pacífico mexicano helicópteros castrenses para sofocar el estallido social, pero hasta esta tarde continuaban las hostilidades.

La Secretaría de Seguridad Pública estatal no ha emitido ningún posicionamiento al respecto…

Prensa

Por desgracia encontrandose con el hombre civilizado…

“Cada Apache decide por sí mismo si lucha o no. Somos gente libre. No forzaremos a los hombres a luchar como lo hacen los mexicanos. El servicio militar forzado produce esclavos, no guerreros”

-“El Abuelo” citado en “In the Days of Victorio: Recollections of a Warm Springs Apache”, de Eve Ball y James Kaywaykla.

El contexto de esta cita es de interés, ya que se pronunció en una reunión de líderes Apache sobre si deberían o no continuar la resistencia contra el hombre blanco invasor, o sucumbir a la poderosa fuerza invasora. En retrospectiva, se podría afirmar que tal postura es tonta: hubiera podido destacar el Apache como “Frente Unido” en lugar de diversas bandas como siempre había sido, podría haber tenido la oportunidad de la victoria, o por lo que el razonamiento va.

En cambio, su incapacidad para adaptar su organización social a las nuevas condiciones condujo directamente a su caída. En el rostro de una sociedad de ciudadanos intercambiables, ellos constituyen un masivo Leviatán unificado, el Apache continuó siendo indomable, la gente indómita de antes. Y pagaron el máximo precio por ello: derrota, humillación, exilio, y en muchos casos, muerte prematura.

Pero tal vez, incluso entonces, el fin no justifica los medios. O, mejor dicho, los “fines” son realmente los “medios” proyectados y amplificados en una monstruosa y lógica conclusión. Incluso si los jefes apaches hubieran reclutado a cada guerrero y obligándolos a luchar, aunque algunos de los guerreros no hubieran huido y se convirtieran en exploradores de caza de su propia gente para el ejército blanco, aunque si ellos pudieran haber mantenido a raya a la Armada de Estados Unidos por algunos más años, no lo habrían hecho como apaches, o como las personas que siempre fueron. Aquí sería algo parecido a, “con el fin de salvar a la ciudad, tuvimos que destruirla”. O mejor, a fin de evitar que la ciudad  sea plantada en la tierra de los Apaches, ellos tuvieron que convertirse en la ciudad del razonamiento civilizado. Y sabían lo que eso significaba: esclavitud de una forma u otra. Ellos aceptaron las consecuencias de su negativa, incluso si tenían dudas sobre esto.

Podemos aplicar las lecciones aquí para nuestra propia situación. Muchos “anarquistas verdes” o grupos “verdes post-izquierdistas” como Deep Green Resistance, les gusta mucho tener una “militarista” o “militante” actitud hacia el “desmantelamiento” o “destrucción” de la civilización. Incluso hay grupos “pro-Unabomber” en existencia del sueño de una “revolución” en contra de “la sociedad tecno-industrial”. ¿Pero que si, (como el Abuelo dice arriba), en sus esfuerzos por luchar contra la esclavitud, se terminan haciendo más esclavos? ¿Esta no es la esencia del proyecto del izquierdista/revolucionario: una última “esclavitud”, un último “martirio” que pondrá fin a toda la esclavitud y martirios? Sólo un gran impulso más y vamos a establecer el lugar donde no hay ni llanto, ni suspiros, ni más dolor. Leviatán ha soñado con esto antes, un gran número de veces, y la gente ha tirado contra las ruedas del progreso con el fin de que sea una realidad. Ellos están muertos, y nosotros en ninguna parte cerca de la libertad.

Sin embargo, hay otros, como John Zerzan, quien piensa que “renunciar” a defender el mundo que la civilización ha forjado, es similar al nihilismo y a la desesperación. “Esperanza”, lo que el razonamiento, sería encontrar una forma de “que todo fuera fácil”, de evitar todas las consecuencias negativas del final de una forma de vida que ha sido más de consecuencias negativas para aquellos que se han opuesto a esto (como nuestros Apaches aquí). El Réquiem cantada por un mundo construido sobre un cementerio masivo de otros mundos muertos debiendo  ser pastoral y pacífico, por lo que se nos dice, no sea que sucumbamos a la venganza y el odio, para que no pecamos en contra de la “iluminación”, valores que de alguna manera se escaparon de ser plenamente domesticados, incluso cuando todo lo demás lo están (visu mirabile!) (more…)

“Each Apache decides for himself whether or not he fights. We are a free people. We do not force men to fight as the Mexicans do. Forced military service produces slaves, not warriors.”

–  “Grandfather,” quoted in, In the Days of Victorio: Recollections of a Warm Springs Apache, by Eve Ball and James Kaywaykla

The context of this quote is of interest as it is uttered in a meeting of Apache leaders concerning whether or not they should continue resistance against the invading white man or succumb to the powerful invading force. With hindsight, one could state that such a stance is foolish: had the Apache stood as a “united front” instead of the diverse bands that they had always been, they could have had a shot at victory, or so the reasoning goes. Instead, their inability to adapt their social organization to new conditions led directly to their downfall. In the face of a society of interchangeable citizens constituting a massive unified Leviathan, the Apache continued to be the untame, indomitable people of before. And they paid the ultimate price for it: defeat, humiliation, exile, and in many cases, premature death,

But perhaps, even then, the ends do not justify the means. Or rather, the “ends” are really the “means” projected and amplified into a monstrous and logical conclusion. Even if the Apache chiefs had conscripted every warrior and forced them to fight, even if some of the warriors hadn’t run off and become scouts hunting their own people for the white army, even if they could have held off the U.S. Army for a few more years, they would not have done so as Apaches, or as the people that they always were. Here it would be something akin to, “in order to save the city, we had to destroy it.” Or better, in order to prevent the city from being planted in the land of the Apache, they had to become the city in civilized reasoning. And they knew what that meant: slavery in one form or another. They accepted the consequences of their refusal, even if they had second thoughts about it.

We can apply the lessons here to our own situation. Many “green anarchist” or “green post-leftist” groups like Deep Green Resistance and the like very much have a “militaristic” or “militant” attitude toward “dismantling” or “destroying” civilization. There are even “pro-Unabomber” groups in existence that dream of a “revolution” against “techno-industrial society.” But what if, as Grandfather says above, in their efforts to fight slavery, they are just making more slaves? Is this not the essence of the leftist / revolutionary project: one last “slavery,” one last “martyrdom” that will end all slaveries and martyrdoms? Just one more great big push and we will establish the place where there is neither sorrow, nor sighing, nor anymore pain. Leviathan has dreamed this dream before, a myriad of times now, and people have thrown themselves against the wheels of Progress in order to make it a reality. They are still dead, and we are nowhere closer to freedom.

Still, there are others, such as John Zerzan, who think that to “give up” defending the world that civilization has wrought is akin to nihilism and despair. “Hope,” so the reasoning goes, would be finding a way to “let everyone off easy,” of avoiding all the negative consequences of the end of a way of life that has been nothing but negative consequences for those who have opposed it (such as our Apaches here). The Requiem sung for a world built on the massive graveyard of other dead worlds must be a pastoral and peaceful one, so we are told, lest we succumb to revenge and hatred, lest we sin against the “Enlightenment” values that somehow escaped being fully domesticated, even when everything else is (mirabile visu!) (more…)

φύσις κρύπτεσθαι φιλεῖ (Nature loves to hide)

— Heraclitus

Heaven and Earth are everlasting
The reason Heaven and Earth can last forever
Is that they do not exist for themselves
Thus they can last forever.

— Laozi, Dao De Jing, Chapter 7

The topic of invasive species is a pressing one in our era of climate change and documented mass extinctions at the global level. According to the most popular narratives propagated in the media and scientific literature, the number and diversity of species are diminishing at an alarming rate: the result of the neglect if not outright destruction of our environment. In this process, foreign plants, animals, and bacteria are blamed for harming large sections of native wildlife as well as economic and conservation endeavors. Both government agencies and radical environmental activists alike are concerned with the supposed health of particular ecosystems, as well as the fight to preserve “pristine” and “untouched” landscapes from the harm that techno­industrial civilization inflicts on them.

The purpose of this paper is to assess these attitudes in the face of recent literature on the topic. It is my contention that invasive species are more an indicator of a crisis in a particular environment and not the cause. The main culprit in most cases in the phenomenon of species invasion is human intervention and the destruction of habitat. Indeed, some writers would consider invasives to be a sort of bandage that nature puts over one of its wounds to heal various ecosystems and prepare the way for life to continue after environmental disruption. It is my contention that invasive species represent the failure of humanity to control its own environment, a failure that will only get worse as climate change and environmental degradation continue to change life on Earth as we know it.

The Official Story

The U.S. Environmental Protection Agency defines invasive species in the following passage:

“Invasive species means an alien species whose introduction does or is likely to cause economic or environmental harm or harm to human health. Invasive species are one of the largest threats to our terrestrial, coastal and freshwater ecosystems, as well as being a major global concern.”

A book geared toward children, Plants Out of Place by Courtney Farrell, states the following concerning invasives and their harmful effects on environments:

“Invasive plants compete with native plants in many ways. Some invasive plants create a lot of shade. Without sunlight, certain types of native plants die. A few invasive plants even make toxins in their leaves. The toxins poison the soil so other plants cannot live there. After a while, some native plants completely die out.” (more…)

Every good idea needs a selling point. The selling point of the all-encompassing ideology that can go by any name from “anarcho-primitivism” to “anti-civilization thinking” is that modern techno-industrial civilization is destroying the human race, and if we want to stop this destruction, we have to destroy civilization. It’s a matter of self-preservation. We must renounce technology, science, modern medicine, etc. in order to save ourselves. How do we know this? Well, technology, science, modern medicine, etc. tell us so. I am likely not the first one who has noticed the inconsistency in this perspective, but perhaps I am one of the first to say something about it.

“Anti-civilization thought” (for lack of a better term) has a “knowledge problem.” That is, it seeks to criticize the totality from the view of the totality. It seeks to dismantle the tools that have built everything that it despises using the same tools. This culminates in the idea of “catastrophe”: the cathartic collapse of its enemy and a chance for the restoration of a just order. For someone with a hammer, everything appears to be a nail, and for someone with an apocalyptic narrative, everything leads to the end of the world. Indeed, some could say that catastrophe is to the primitivist what the Resurrection of Jesus was to St. Paul: the sine qua non outside of which the message cannot not exist. If humanity is not damned via technology, if all life on earth is not endangered by the upstart selfish ape from Africa, then what are we doing here? We might as well just go home and enjoy the flat screen TVs and air conditioning.

Things of course aren’t really that simple. But the first question should be, “Are we doomed?” A few books have come out recently that seek to answer the question in the negative, even though they take the Cassandra-like science of climate change and resource depletion very seriously. Ronald Bailey’s The End of Doom: Environmental Renewal in the Twenty-first Century is one of the stronger contributions to this eco-modernist genre. Though we will not have the time to review it all here, we can at least go over the strongest point in his book (at least from my perspective): the analysis of the ecological idea that “doing nothing” is better than “doing something.” (more…)